Las Cuentas del Gran Capitán

Publicado: 7 noviembre, 2011 de Pepe E. Carretero en Mundo Matemático
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Por picos, palas y azadones, cien millones de ducados; por limosnas para que frailes y monjas rezasen por los españoles, ciento cincuenta mil ducados; por guantes perfumados para que los soldados no oliesen el hedor de la batalla, doscientos millones de ducados; por reponer las campanas averiadas a causa del continuo repicar a victoria, ciento setenta mil ducados; y, finalmente, por la paciencia de tener que descender a estas pequeñeces del rey a quien he regalado un reino, cien millones de ducados.

Gonzalo Fernández de Córdoba, “El Gran Capitán” fue un general nacido en Montilla, Córdoba, al servicio de los Reyes Católicos. Vivió, lucho y murió entre los años finales del siglo XV y  los primeros del XVI. Por sus servicios y méritos militares acumuló títulos y distinciones nobiliarias y lo que ello conlleva, ducados y marquesados varios así como el virreinato de la tierra que más fama le dio. El Gran Capitán fue Virrey de Nápoles de 1504 a 1507. Pero, cuenta la leyenda, que este virreinato le fue quitado por el Católico Rey, alentado por los muchos enemigos que en la Corte había dejado el “bueno” de Gonzalo y que se multiplicaron al morir la Reina Isabel su gran valedora, por discrepancias en lo desmesurado, siempre según el soberano, del gasto militar de la campaña italiana. Se dice que el Rey exigió cuentas a su general, las que han pasado a la posteridad como “Las Cuentas del Gran Capitán”. Don Gonzalo, molesto con el político que no comprendía los esfuerzos militares hechos en su nombre, despechado tiró de ironía y desglosó las cuentas en los términos que encabezan esta entrada. Con ellas ridiculiza al Rey con cantidades desorbitadas en conceptos absurdos que siempre hacían referencia al heroísmo y entrega de sus hombres y de las victorias obtenidas en el nombre del Rey y la Corona de Aragón.

Como se dice en la Wikipedia: “Como frase hecha, se utiliza para calificar de exagerada a una relación de gastos, o incluso a un listado de cualquier tipo, para ridiculizar una relación poco pormenorizada o para negar una explicación pedida por algo a la que no se tiene derecho.”

Tal vez la parte más famosa de las cuentas sea su comienzo, Por picos, palas y azadones, cien millones de ducados. Para hacernos una idea de semejante cantidad un dato, el Reino de Castilla recaudaba anualmente en tributos unos tres millones de ducados. Imaginad lo que supondría una partida tal para las arcas reales. Y aunque menos repetida, la partida final no tiene desperdicio, en ella se estereotipa el carácter español del siglo XVI, “fiel pero orgulloso, desapegado de lo material, valiente hasta la temeridad, violento y desafiante, y no se rebaja a rendir ni pedir cuentas”

El hecho no tiene mucho sustento histórico, aunque hay opiniones para todos los gustos, no existen documentos que certifiquen su ocurrencia y sí mucha literatura en torno a él. Tal vez mucha culpa de su difusión la tenga la obra de Lope de Vega “Las Cuentas del Gran Capitán” que El Fénix de los Ingenios publicara ya en el siglo XVII.

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