‘El Hombre y el Número’

Publicado: 25 febrero, 2012 de Pepe E. Carretero en Mundo Matemático, Tusitala
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Desde el Antiguo Egipto, bastante antes que en China, el número ha fascinado a los que piensan. Al principio eran los números enteros, la medida de las cantidades simples, de las distancias, de la edad y del tiempo que pasa, y el registro de las estrellas del cielo. Pero bien pronto hicieron su aparición los turbadores números irracionales.

En la Grecia del siglo VI, la escuela pitagórica basaba su reflexión sobre los números en un nuevo simbolismo que explicaba, como en China, todo el Universo, pasando por la música y la estructura de la constelaciones. Un siglo más tarde, con Sócrates, enemigo irreductible del pensamiento mágico, nacía la corriente racional propiamente dicha, primer milagro que conduciría, dos siglos más tarde, al desarrollo de la Escuela de Alejandría, con Euclides, Arquímedes y hasta Diofanto.

Compás de espera. Durante siete siglos, las matemáticas occidentales permanecen estancadas. Los sabios siguen pegados al engrudo de las cifras romanas y de la exégesis.

Un segundo milagro tendrá lugar a finales del siglo XI, en el sur de Europa, los jerarcas de la Iglesia traducen los tratados árabes inspirados en la tradición india. Siguen Fibonacci y Pacioli; más tarde, la explosión conceptual del Renacimiento, seguida de Kepler, descartes, Fermat, Leibnitz, Newton…

A pesar de los reproches de Descartes, e incluso en él mismo, el pensamiento racional y el pensamiento mágico permanecen mezclados, pero el primero progresa tan rápidamente, su deseo de vivir es tan intenso, su eficacia es tan clamorosa, que, en el siglo XVIII, termina por invadir todo el ámbito de la reflexión.

En el siglo siguiente, Galois descubre (¿o inventa?) el concepto de grupo y Cantor la teoría de conjuntos. El zoo de los números y de las teorías se enriquece de manera exponencial.

Otro siglo y he aquí la informática, que trastorna las condiciones y las posibilidades de cálculo.

Los ámbitos de exploración matemática continúan diversificándose y haciéndose más complejos, hasta el punto de que ya no basta con ser un matemático profesional para comprender lo que se está haciendo en los múltiples sectores de su disciplina.

El número, además, es explotado por las administraciones y las empresas para afirmar su poder, y, en el mismo seno de la comunidad de los matemáticos, continúa suscitando interrogantes, los mismos que ya se formulaban los filósofos griegos.

¿Podría ser que el número fuese una realidad en cierta manera superior, que no sólo preexistiría a la escritura, sino también al hombre e incluso a los elementos?

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