Archivos para junio, 2012

‘Aquiles y la Tortuga’

Publicado: 29 junio, 2012 de Pepe E. Carretero en Video
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‘El Libro de Arena’ por Jorge Luis Borges

Publicado: 29 junio, 2012 de Pepe E. Carretero en Tusitala
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La línea consta de un número infinito de puntos; el plano, de un número infinito de líneas; el volumen, de un número infinito de planos; el hipervolumen, de un número infinito de volúmenes… No, decididamente no es éste, more geometrico, el mejor modo de iniciar mi relato. Afirmar que es verídico es ahora una convención de todo relato fantástico; el mío, sin embargo, es verídico.

Yo vivo solo, en un cuarto piso de la calle Belgrano. Hará unos meses, al atardecer, oí un golpe en la puerta. Abrí y entró un desconocido. Era un hombre alto, de rasgos desdibujados. Acaso mi miopía los vio así. Todo su aspecto era de pobreza decente. Estaba de gris y traía una valija gris en la mano. En seguida sentí que era extranjero. Al principio lo creí viejo; luego advertí que me había engañado su escaso pelo rubio, casi blanco, a la manera escandinava. En el curso de nuestra conversación, que no duraría una hora, supe que procedía de las Orcadas. Le señalé una silla. El hombre tardó un rato en hablar. Exhalaba melancolía, como yo ahora.

—Vendo biblias —me dijo.
No sin pedantería le contesté:
—En esta casa hay algunas biblias inglesas, incluso la primera, la de John Wiclif. Tengo asimismo la de Cipriano de Valera, la de Lutero, que literariamente es la peor, y un ejemplar latino de la Vulgata. Como usted ve, no son precisamente biblias lo que me falta.
Al cabo de un silencio me contestó.
—No sólo vendo biblias. Puedo mostrarle un libro sagrado que tal vez le interese. Lo adquirí en los confines de Bikanir.

Abrió la valija y lo dejó sobre la mesa. Era un volumen en octavo, encuadernado en tela. Sin duda había pasado por muchas manos. Lo examiné; su inusitado peso me sorprendió. En el lomo decía Holy Writ y abajo Bombay.

—Será del siglo diecinueve —observé.
—No sé. No lo he sabido nunca —fue la respuesta.

Lo abrí al azar. Los caracteres me eran extraños. Las páginas, que me parecieron gastadas y de pobre tipografía, estaban impresas a dos columnas a la manera de una biblia. El texto era apretado y estaba ordenado en versículos. En el ángulo superior de las páginas había cifras arábigas. Me llamó la atención que la página par llevara el número (digamos) 40.514 y la impar, la siguiente, 999. La volví; el dorso estaba numerado con ocho cifras. Llevaba una pequeña ilustración, como es de uso en los diccionarios: un ancla dibujada a la pluma, como por la torpe mano de un niño.

Fue entonces que el desconocido me dijo:
—Mírela bien. Ya no la verá nunca más.
Había una amenaza en la afirmación, pero no en la voz.
Me fijé en el lugar y cerré el volumen. Inmediatamente lo abrí. En vano busqué la figura del ancla, hoja tras hoja. Para ocultar mi desconcierto, le dije:
—Se trata de una versión de la Escritura en alguna lengua indostánica, ¿no es verdad?
—No —me replicó.
Luego bajó la voz como para confiarme un secreto:
—Lo adquirí en un pueblo de la llanura, a cambio de unas rupias y de la Biblia. Su poseedor no sabía leer. Sospecho que en el Libro de los Libros vio un amuleto. Era de la casta más baja; la gente no podía pisar su sombra, sin contaminación. Me dijo que su libro se llamaba el Libro de Arena, porque ni el libro ni la arena tienen ni principio ni fin.

Me pidió que buscara la primera hoja.
Apoyé la mano izquierda sobre la portada y abrí con el dedo pulgar casi pegado al índice. Todo fue inútil: siempre se interponían varias hojas entre la portada y la mano.
Era como si brotaran del libro.

—Ahora busque el final.
También fracasé; apenas logré balbucear con una voz que no era la mía:
—Esto no puede ser.
Siempre en voz baja el vendedor de biblias me dijo:
—No puede ser, pero es. El número de páginas de este libro es exactamente infinito.

Ninguna es la primera; ninguna, la última. No sé por qué están numeradas de ese modo arbitrario. Acaso para dar a entender que los términos de una serie infinita admiten cualquier número.

Después, como si pensara en voz alta:

—Si el espacio es infinito estamos en cualquier punto del espacio. Si el tiempo es infinito estamos en cualquier punto del tiempo.
Sus consideraciones me irritaron. Le pregunté:
—¿Usted es religioso, sin duda?

—Sí, soy presbiteriano. Mi conciencia está clara. Estoy seguro de no haber estafado al nativo cuando le di la Palabra del Señor a trueque de su libro diabólico.

Le aseguré que nada tenía que reprocharse, y le pregunté si estaba de paso por estas tierras. Me respondió que dentro de unos días pensaba regresar a su patria. Fue entonces cuando supe que era escocés, de las islas Orcadas. Le dije que a Escocia yo la quería personalmente por el amor de Stevenson y de Hume.

—Y de Robbie Burns —corrigió.
Mientras hablábamos yo seguía explorando el libro infinito. Con falsa indiferencia le pregunté:
—¿Usted se propone ofrecer este curioso espécimen al Museo Británico?
—No. Se lo ofrezco a usted —me replicó, y fijó una suma elevada. Le respondí, con toda verdad, que esa suma era inaccesible para mí y me quedé pensando. Al cabo de unos pocos minutos había urdido mi plan. —Le propongo un canje —le dije—. Usted obtuvo este volumen por unas rupias y por la Escritura Sagrada; yo le ofrezco el monto de mi jubilación, que acabo de cobrar, y la Biblia de Wiclif en letra gótica. La heredé de mis padres.
—A black letter Wiclif —murmuró.

Fui a mi dormitorio y le traje el dinero y el libro. Volvió las hojas y estudió la carátula con fervor de bibliófilo. —Trato hecho —me dijo.

Me asombró que no regateara. Sólo después comprendería que había entrado en mi casa con la decisión de vender el libro. No contó los billetes, y los guardó.
Hablamos de la India, de las Orcadas y de los jarls noruegos que las rigieron. Era de noche cuando el hombre se fue. No he vuelto a verlo ni sé su nombre.

Pensé guardar el Libro de Arena en el hueco que había dejado el Wiclif, pero opté al fin por esconderlo detrás de unos volúmenes descabalados de Las mil y una noches.
Me acosté y no dormí. A las tres o cuatro de la mañana prendí la luz. Busqué el libro imposible, y volví las hojas. En una de ellas vi grabada una máscara. El ángulo llevaba una cifra, ya no sé cuál, elevada a la novena potencia.

No mostré a nadie mi tesoro. A la dicha de poseerlo se agregó el temor de que lo robaran, y después el recelo de que no fuera verdaderamente infinito. Esas dos inquietudes agravaron mi ya vieja misantropía. Me quedaban unos amigos; dejé de verlos. Prisionero del Libro, casi no me asomaba a la calle. Examiné con una lupa el gastado lomo y las tapas, y rechacé la posibilidad de algún artificio. Comprobé que las pequeñas ilustraciones distaban dos mil páginas una de otra. Las fui anotando en una libreta alfabética, que no tardé en llenar. Nunca se repitieron. De noche, en los escasos intervalos que me concedía el insomnio, soñaba con el libro.

Declinaba el verano, y comprendí que el libro era monstruoso. De nada me sirvió considerar que no menos monstruoso era yo, que lo percibía con ojos y lo palpaba con diez dedos con uñas. Sentí que era un objeto de pesadilla, una cosa obscena que infamaba y corrompía la realidad.
Pensé en el fuego, pero temí que la combustión de un libro infinito fuera parejamente infinita y sofocara de humo al planeta.

Recordé haber leído que el mejor lugar para ocultar una hoja es un bosque. Antes de jubilarme trabajaba en la Biblioteca Nacional, que guarda novecientos mil libros; sé que a mano derecha del vestíbulo una escalera curva se hunde en el sótano, donde están los periódicos y los mapas. Aproveché un descuido de los empleados para perder el Libro de Arena en uno de los húmedos anaqueles. Traté de no fijarme a qué altura ni a qué distancia de la puerta.

Siento un poco de alivio, pero no quiero ni pasar por la calle México.

Hoy toca ‘La Proporción’

Publicado: 23 junio, 2012 de Pepe E. Carretero en De Claro, Viñetas
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‘Instrucciones para subir una escalera’

Publicado: 23 junio, 2012 de Pepe E. Carretero en De Claro
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Nadie habrá dejado de observar que con frecuencia el suelo se pliega de manera tal que una parte sube en ángulo recto con el plano del suelo, y luego la parte siguiente se coloca paralela a este plano, para dar paso a una nueva perpendicular, conducta que se repite en espiral o en línea quebrada hasta alturas sumamente variables. Agachándose y poniendo la mano izquierda en una de las partes verticales, y la derecha en la horizontal correspondiente, se está en posesión momentánea de un peldaño o escalón. Cada uno de estos peldaños, formados como se ve por dos elementos, se situó un tanto más arriba y adelante que el anterior, principio que da sentido a la escalera, ya que cualquiera otra combinación producirá formas quizá más bellas o pintorescas, pero incapaces de trasladar de una planta baja a un primer piso.

Las escaleras se suben de frente, pues hacia atrás o de costado resultan particularmente incómodas. La actitud natural consiste en mantenerse de pie, los brazos colgando sin esfuerzo, la cabeza erguida aunque no tanto que los ojos dejen de ver los peldaños inmediatamente superiores al que se pisa, y respirando lenta y regularmente. Para subir una escalera se comienza por levantar esa parte del cuerpo situada a la derecha abajo, envuelta casi siempre en cuero o gamuza, y que salvo excepciones cabe exactamente en el escalón. Puesta en el primer peldaño dicha parte, que para abreviar llamaremos pie, se recoge la parte equivalente de la izquierda (también llamada pie, pero que no ha de confundirse con el pie antes citado), y llevándola a la altura del pie, se le hace seguir hasta colocarla en el segundo peldaño, con lo cual en éste descansará el pie, y en el primero descansará el pie. (Los primeros peldaños son siempre los más difíciles, hasta adquirir la coordinación necesaria. La coincidencia de nombre entre el pie y el pie hace difícil la explicación. Cuídese especialmente de no levantar al mismo tiempo el pie y el pie).

Llegando en esta forma al segundo peldaño, basta repetir alternadamente los movimientos hasta encontrarse con el final de la escalera. Se sale de ella fácilmente, con un ligero golpe de talón que la fija en su sitio, del que no se moverá hasta el momento del descenso.

De ‘Historias de cronopios y de famas’ 1.962. Julio Cortázar

Animación inspirada en los trabajos de M. C. Escher

Publicado: 17 junio, 2012 de Pepe E. Carretero en Video
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El Problema de la Altura. La Torre Pelli.

Publicado: 17 junio, 2012 de Pepe E. Carretero en Tusitala
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Todo el mundo hablaba una misma lengua y empleaba las mismas palabras. Y cuando los hombres emigraron desde Oriente, encontraron una llanura en la región de Senaar y se establecieron allí. Entonces se dijeron unos a otros: “¡Vamos! Fabriquemos ladrillos y pongámolos a cocer al fuego”. Y usaron ladrillos en lugar de piedra, y el asfalto les sirvió de mezcla. Después dijeron: “Edifiquemos una ciudad, y también una torre cuya cúspide llegue hasta el cielo, para perpetuar nuestro nombre y no dispersarnos por toda la tierra”.
Pero el Señor bajó a ver la ciudad y la torre que los hombres estaban construyendo, y dijo: “Si esta es la primera obra que realizan, nada de lo que se propongan hacer les resultará imposible, mientras formen un solo pueblo y todos hablen la misma lengua. Bajemos entonces, y una vez allí, confundamos su lengua, para que ya no se entiendan unos a otros”. 
Así el Señor los dispersó de aquel lugar, diseminándolos por toda la tierra, y ellos dejaron de construir la ciudad. Por eso se llamó Babel: allí, en efecto, el Señor confundió la lengua de los hombres y los dispersó por toda la tierra.

Simulación Torre Pelli

La Torre Cajasol, también conocida como La Torre Pelli en la actualidad

La Torre Cajasol dentro del complejo Puerto Triana en Sevilla , es un edificio actualmente en construcción que cuando llegue a concluirse se convertirá en el primer rascacielos de la ciudad y en el más alto de Andalucía. La construcción del edificio se lleva a cabo en el sector sur de la isla de la Cartuja junto a las avenidas del Patrocinio e Inca Garcilaso, en una parcela con una superficie de 59.000 m². El día 16 de julio de 2007 se colocó la primera piedra. La torre contaría con una altura total de 180,5 metros. El edificio proyectado tiene planta elíptica y 40 pisos de hormigón armado sobre rasante con 3 subterráneos. La fachada sería de vidrio y acero y estaría protegido del fuerte sol del verano por lamas de cerámica. Wikipedia.


La polémica

La polémica por la construcción de la Torre tiene ocupada a la ciudad desde la colocación de la primera piedra. Tengo mi opinión sobre el tema pero no la daré aquí pues esta entrada era un guiño, un juego de palabras a raíz de un comentario escuchado en radio. Si añado esta nota es por haber caído en la trampa de algunos que tergiversan la realidad apoyando sus postulados con recreaciones sesgadas. Afortunadamente hay quien te previene de dichas prácticas, gracias por el aviso, editado para subsanar el error.

Para conocer más sobre las manipulaciones de las recreaciones os dejo un enlace con la situación real de la construcción y las localizaciones asgnadas. Túmbala debe rectificar’  www.sevillasemueve.org

Los Números de Jasper Johns

Publicado: 15 junio, 2012 de Pepe E. Carretero en Mundo Matemático
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Tras la Segunda Guerra el centro de gravitación artistico se desplaza del Viejo Continete al Nuevo Mundo. Los Estados Unidos habián ollado la cumbre del poder mundial venciendo, militarmente, al nazismo  en los campos europeos y al comunismo, afixiado por el coste de la guerra, en el plano económico, la victoria política llegaría años más tarde con el colapso del frente socialista a finales de los ochente y principois de los noventa.

EEUU es la nueva potencia emergente, su luz ilumina los caminos del nuevo status quo. Nueva York es la capital cultural del mundo. El arte encuentra en ‘la ciudad que nunca duerme’ el acomodo que los nuevos tiempos le demandan y la gran metrópoli acoge a los nuevos inquilinos con los brazos abiertos.

Los últimos años de la década de los cuarenta están dominados por lo que se dio en conocer como ‘Expresionismo Abstracto’, denominación que agrupa a un variopinto grupo de pintores, cuyo nexo de unión es la abstracción y los grandes formatos, pero con orientaciones pictóricas muy diversas y, en muchas ocasiones, contrapuestas.

Jackson Pollock 1949

El panorama varió de forma radical a principios de los sesenta con la irrupción del ‘Pop’, donde los objetos e imágenes de la cultura de masas se erigen en los verdaderos protagonistas.

Roy Lichtenstein 1963

Entre una y otra generación existen figuras puente, que partiendo de las conquistas expresionistas, allanan el terreno al pop. Aquí encontramos a Jasper Johns. Ahora sí la complejidad de Johns no se agota en esa condición de enlace entre movimientos, cuando en 1955 empieza a pintar banderas y dianas hace algo más que anticipar el interés por el objeto, construye un discurso hasta el momento inédito acerca de la relación entre la imagen y la representación.

Pero no son sus barras y estrellas o sus dianas las que traen a este extraordinario pintor a estos campos. En los inicios de su carrera, casi al mismo tiempo que de las dianas y banderas, Jasper inaugura una nueva línea en su trabajo: los cuadros con números y letras. Estos pueden aprecer aislados o bien en series. Los números son signos abstracos que en el cuadro son despojados por completo de su función. Se reducen a estructuras gráficas a partir de las que el pintor organiza a base de color. Aquí no hay objetos, como ocurre con las banderas, sino representaciones ideales cuya naturaleza racional contrasya con lo vibrante y pasional de la materia pictórica.

En Cero a través de nueve, 1961, el autor superpone toda la secuencia numérica enmarcada por el cero, el máximo grado de abstracción numérica y, aquel que formalmente los contiene a todos, así el significado y función de las formas se pierde más si cabe.

En Números en color, 1958-1959 Las series numéricas en banda hacen posibles lecturas secuenciales en diferentes direcciones, como en una tabla. Visialmente domino el efecto de la retícula, la repetición disuelve le significado con lo que los números se convierten en meras estructuras formales.

También encontramos en su obra cifras tratadas individualmente, como Cifra 2 1962, aquí a diferencia de la mayoría de sus números y alfabetos de finales de los cincuenta y principios de los sesenta, Johns usa los grises evitando las composiciones armónicas de azules, rojos y amarillos.